Historia de Albacete


Basado en el artículo La Feria de Albacete, 300 años de Antonio Caulín Martínez

Las fuentes históricas sobre la existencia de una Feria, o mercado regular, la sitúan en el siglo XV. La calle de la Feria es una vía urbana mantenida durante siglos sin alterar su denominación que unía, como hoy día, el cerrillo de la iglesia de San Juan con las eras de Santa Catalina y el camino de Acequión.
En esta centuria se caracterizó Albacete por ser objeto de sublevaciones y escenario bélico entre los reyes de Castilla y el marquesado de Villena. Pero al tiempo que llegaba la paz a estos campos, y cesaba el protagonismo de la fortificada Chinchilla, la "Villanueva" del llano aprovechaba su privilegiada situación de intersección de caminos. El comercio, en forma de las sucesivas Ferias, supuso un motor para la economía inminentemente agrícola y ganadera.
Junto con la tradicional atención a viajeros y comerciantes, que todavía permanece en el callejero (calle Herreros, Herradores) en el comienzo del siglo XVI, surgieron artesanos y especialmente cuchilleros. Trigo, azafrán y vid eran los principales productos que se comercializaban en Albacete. En las Ordenanzas Municipales de Albacete de 1572 se describen los ingresos que el Concejo podría obtener de los mercaderes establecidos en la Feria. En este siglo la trama urbana se expande hacia Feria, con conventos, palacios y posadas.
Durante el siglo XVII la población albaceteña disminuyó, por las razones generales que afectaban a Europa y España, agudizadas en el llano manchego, es decir: las epidemias, las levas obligatorias y guerras y el hambre, pese a lo cual, la tradición comercial continuó.
En 1672 se fundó el Convento Franciscano bajo la advocación en la Virgen de los Llanos y una década después requirió la celebración de la Feria que hasta entonces congregada en la eras de Santa Catalina, en los aledaños de los edificios religiosos, aduciendo la posibilidad de un aumento de limosnas. Sobre esta advocación religiosa y su trascendencia entre los albaceteños, las investigaciones de Vicente Carrión pueden esclarecernos muchos aspectos.
Con el comienzo del siglo XVIII, Albacete se enfrentó de nuevo a la escasez de cosechas, las fiebres palúdicas, las plagas de langosta y, por si esto fuera poco, a la guerra de Sucesión, tomando partido por Felipe V. La ciudad además de soportar el paso de las tropas entregó en 1707, los consabidos diez caballos al ejército borbónico.
Varias fueron las corporaciones peticionaras de una garantía jurídica para con la Feria y, el seis de marzo de 1710, ya por insistencia o por los caballos antedichos, recibió del Monarca Felipe V la concesión de un mercado los jueves de cada semana y de una Feria por cuatro días, desde el 7 al 11 de septiembre. La igualdad (comercial) frente a Chinchilla, hizo crecer a Albacete.
Con la autorización legal del privilegio comercial, el Concejo de Albacete ordenó el traslado desde Llanos a la Plaza y calle Mayor. Los frailes atentos a la pérdida de una financiación segura desoyeron los preceptos terrenales y durante años asistieron los comerciantes a una "Feria dividida", que calificó (en 1883) adecuadamente el historiador D. José Sabater y Pujals, al que me remito.
En estos años (1710 - 1712) la Feria se celebró en dos lugares distintos. Por un lado, donde había indicado el municipio y, por otro, en la zona colindante al Convento Franciscano. Incluso en 1712, el Guardián del Convento había tratado de legitimar la irregular ubicación del tesoro económico requiriendo a los regidores albaceteños un establecimiento definitivo del evento comercial en los Llanos. La negativa fue desoída, al igual que una nueva misiva, el siete de noviembre de aquel año, del Concejo a los regulares expresando que el lugar de los Llanos no tenía agua para atender a los comerciantes, era inseguro, y estaba despoblado. Por último, una nueva carta en 1716 recordaba a los prelados la necesidad de cumplir la ley y no concitar a los mercaderes a las puertas del templo.
Treinta años después de divergencias y desoídas órdenes determinó al Consejo de Castilla por enviar a uno de sus vocales, natural de Albacete, Don Pedro de Cantos y Benito. Por solución comenzó a construir unas lonjas para mejor albergar a los mercaderes,  circunstancia que aprovecharon los monjes para aumentar el número de puestos hasta las mismas puertas del convento, con la oposición del funcionario rea l y del Concejo de la villa.
Terminando la década de 1740, tanto las autoridades religiosas como las civiles recriminaron las acciones de los conventuales, y en especial en una última carta de 26 de enero de 1755 del General de la Orden de los Franciscanos indicando que era una "grave irreverencia de un Santuario tan venerable y de lugar sagrado ... y desdice de la observancia Regular". Un nuevo intento de solución por parte del Concejo de Albacete fue adquirir, en 1767, las naves construidas por Pedro de Cantos.

Ya en época de Carlos III, mediante auto rubricado en Madrid el 11 de julio de 1781, se autorizaba al Concejo de Albacete para que utilizase cuantas dependencias del convento fuesen necesarias para la celebración de misas en honor de la Virgen de los Llanos, patrona de la villa. El auto estaba firmado, entre otros, por el Fiscal del Consejo de Castilla, Conde de Campomanes, que poco después sería ministro de la Ilustración.
Hubo un cambio de timón en la situación en 1783. La ciudad quiso recuperar la Feria para sí dotándose de un edificio propio y exclusivo en el lugar mantenido durante siglos: las eras de Santa Catalina. En sesiones de dos y tres de agosto de 1783, el Concejo de Albacete acordó construir " las nuevas obras que han de servir para celebrar la Feria", con arreglo a los planos hechos por el Maestro Arquitecto Josef Jimenes. Las obras del círculo interior duraron 33 días y los mercaderes se aproximaron a unas instalaciones cómodas y cercanas a la urbe. Al año siguiente bajo la dirección del Arquitecto Antonio Cuesta, concluyeron los trabajos.

La Feria de Albacete en la época ilustrada, recibió un fuerte impulso en un ambiente económico mercantilista, de protección manufacturera y fuerte tracción comercial emanada de la Junta de comercio, moneda y minas. La pacífica llanura concitaba a comerciantes valencianos, murcianos, andaluces y del resto de la Mancha. Algunos de aquellos comerciantes, en otra constante en Albacete, se establecieron definitivamente en la ciudad de la llanura. Por ello es probable que en estos años de finales del siglo ilustrado de cuatro se pasase a más días de celebración (de cuatro a ocho), o así entendemos las informaciones posteriores de 1813.
Entre 1808 y 1813 Albacete soportó el paso frecuente de las tropas francesas entre el centro y levante, coincidiendo con unas crisis de subsistencias. Cuando terminó este tortuoso peaje la Gaceta de Madrid el 19 de agosto de 181 3, daba en dos escuetas líneas la noticia de que la "antigua Feria de Albacete..., durará como antes, cuatro días".

Como sabemos la Provincia de Albacete se fundó en 1833 y al año siguiente la Audiencia Territorial. La jurisdicción sobre Cuenca, Ciudad Real y Murcia, además de su propio territorio provincial supuso una confirmación de la tradición jurídica de la ciudad. Dejando atrás el absolutismo trasnochado, un año después, el 23 de septiembre, de nuevo la Gaceta aumentaba el tiempo de duración de la Feria y, más significativo, trasladaba a octubre su celebración: "S. M. la Reina Gobernadora ha tenido a bien acceder a que se traslade al domingo 5 de octubre próximo la Feria que en 8 de septiembre se debió celebrar en Albacete, habiendo dignado también S. M. permitir que dicha Feria dure ocho días."

En el último cuarto de siglo XIX asistimos a una nueva revitalización para los 20.000 albaceteños que éramos ya: el Teatro Circo, una sucursal del Banco de España, el alumbrado eléctrico público (en 1888, la primera capital de provincia de España en ofrecer este servicio), etc. En 1898 Albacete contaba con tres periódicos y varios teatros y cines. Se pusieron en marcha dos grandes empresas harineras " Los Arcos" y "La Manchega". También inició su andadura "La Pajarita". Al cruzar el siglo en 1903 el Ayuntamiento de la ciudad impulsaba la creación de la Sociedad de Aguas Potables de Albacete. Llegaría después (1905) una Caja de Ahorros, transformada a continuación en Banco de Albacete.

Durante la II República alcanzó a la Feria la declaración de UTILIDAD COMERCIAL NACIONAL según orden del Ministerio de Industria y Comercio, fechada el 22 de julio de 1933.