Pasaje de Gabriel Lodares

El Pasaje de Lodares es uno de los edificios monumentales, en pié, más antiguo de Albacete (data del primer tercio del siglo XX). A pesar de su cercanía en el tiempo, es para nosotros ya histórico. Su ubicación en la ciudad responde a su carácter comercial y progresista: entre la calle Mayor y la calle del Tinte, pertenecientes al casco urbano más comercial de la ciudad.
Su creación se justifica gracias a la época de prosperidad en la nación a principios del siglo XX. España es un país que se está industrializando y va a ser la burguesía la protagonista de este despegue. También la población sufrirá un crecimiento considerable. En Albacete, como en la mayoría de las ciudades, ese crecimiento de población provocará un aumento del perímetro de la ciudad y una mejora de las equipaciones urbanas. Se crean nuevos edificios privados, cómo el Lodares, impulsados por esa burguesía que le interesa invertir en la construcción, y se moderniza la ciudad.
En los comienzos del siglo XX, el arquitecto municipal Martínez Villena realizó el proyecto urbanístico para el ensanche de la ciudad. En el Plan de Alineaciones de 1908 se propuso crear dos ensanches, uno hacia el norte y otro hacia el sur; este provocaría poner en carácter urbanizable tierras donde ahora está el Lodares, la calle del Tinte, la calle Mayor...
Trabajaban en Albacete arquitectos jóvenes que habiendo estudiado en Madrid traían a Albacete en el campo urbanístico, influencias de las tendencias de esa capital pues su formación era de la escuela  madrileña. Uno de ellos, Julio Carrilero fue el que  en 1929 creó el primer Plan de Ensanche (basado en una malla rectangular con un tamaño de manzana de 70 a 80 m y calles de 10, 12, 14 m), otros colegas del anterior fueron: Manuel Muñoz, Miguel Ortiz... La escuela Valenciana estuvo representada por: Ramón Casas Massó y Buenaventura Ferrando Castell que, a la postre, fue el autor del Pasaje de Lodares
Entre 1910 y 1930 la burguesía quería plasmar su poder económico en edificios residenciales y culturales de alta calidad arquitectónica. Desarrollar su propia ciudad, su propia vida urbana, todo ello gracias a ese auge de la industria y del sector terciario.  El tono modernista será el más utilizado por estos “nuevos ricos”, y será plasmado en casas destinadas al alquiler. El pasaje Lodares no solo es para alquiler de vivienda sino también para locales comerciales. Su diseño pertenece a una de las corrientes arquitectónicas que llegaron a Albacete, la valenciana, ya citada en párrafos anteriores junto con sus principales representantes, debido a la nula tradición arquitectónica del propio lugar.
La guerra civil frenó el auge constructivo y económico de la ciudad. Tras la misma, aparte de las consecuencias derivadas de las acciones bélicas, al haber sido Albacete ciudad de las Brigadas Internacionales, los esfuerzos del régimen se destinaron a la reconstrucción de las ciudades que apoyaron el alzamiento nacional, Albacete fue dejada a su suerte.